Dadas las condiciones actuales de los medios y la sociedad de masas, quizá debería abochornarme un poco al tener que confesar que nunca ví la famosa serie norteamericana de televisión, Sex & the City, convertida ya en rentable producción cinematográfica.
Sabía, porque no hay manera de evitarlo, que Sarah Jessica Parker estaba convertida, dentro de su papel de Carrie, en el icono de la moda actual, y siempre me pregunté cómo era eso posible. A mí esta actriz me parece con potencial mínimo y no la encuentro especialmente atractiva. El resto, Cinthia Nixon (Miranda), Kim Katrall (Samantha) y Kristin Davis (Charlotte), consiguen un conjunto glamoroso y en apariencia divergente, porque en realidad sólo son un cuarteto de anglosajonas cuyas mayores diferencias residen en el largo y color de sus cabellos.
En efecto, las protagonistas son cuatro norteamericanas radicadas en Nueva York que asumen, por lo tanto gozan y padecen, el estilo de vida propio de esa urbe, con sus agitados ritmos laborales y reducidos espacios de convivencia, comunicación y compenetración humana. Ello es evidente porque, como sucede en casi todas las historias cinematográficas o televisivas del vecino país, la familia del o la protagonista suele serlo los amigos, en este caso las amigas de Carrie. Con ellas, Carrie comparte todas sus aventuras y desdichas, y visceversa.
Esta no habitual solidaridad entre mujeres podría ser una de las secretas razones del éxito de la serie, porque a diferencia de lo que es más típico en nuestro país, estas chicas no compiten entre sí, no se apuñalan por la espalda, y en cambio son capaces de irse de compras juntas, sin ocultarse unas a otras el secreto de una buena barata, por ejemplo.
Claro que la razón más evidente de todas (me refiero al éxito) la constituye el simple hecho de que se trate de mujeres de 40 o aún mayores, y que todas ellas sean solteras. Evidentemente me perdí de mucho al respecto, porque en la película el público las conoce (al menos a dos de ellas) ya casadas: incluso Charlotte está en su segundo matrimonio y Miranda está a punto de destruir el suyo, mientras que de las dos solteras, Carrie y Samantha, sólo la principal está a punto de ir al altar. Y esto es en todo caso lo que me resultó sorprendente, porque serán todas prototipos de mujeres muy modernas, trabajadoras, educadas y autosufientes, pero a pesar de ello lo único importante en sus vidas es superfluo y lo sentimental.
La supuesta liberalidad y autosuficiencia que ofrece una carrera o un trabajo bien remunerado encuentra aquí como única expresión, el consumo material. Y no me refiero solamente a las cantidades absurdas que Carrie compra de ropa o zapatos, sino también al consumo sexual de todas (al menos al que se presupone ocurrió en la serie). El ser una mujer moderna, que vive con sus propios recursos y los invierte para convertirse a sí misma en un objeto de consumo sexual y mercadotécnico no habla, necesariamente, de un equipo de mujeres inteligentes.
Por el contrario, todas son sustentadoras de un sistema enagenante que les brinda satisfacciones superficiales e instrascendentes pero que, en la visión de los realizadores, resulta altamente glamoroso. De hecho, el personaje de Charlotte, interpretado por la trigueña Davis, es el único en la película que tiene una motivación maternal y, por ello, pasa casi totalmente desapercibida. Evidentemente el público norteamericano ha visto por demasiados años el prototipo de la amante y diligente esposa y madre de familia, como para repetirlo en este esquema de ultramodernidad, donde ese pobre personaje no tiene espacio suficiente.
De hecho, el más retador de todos es el de Samantha (Katrall), porque ella vive literalmente para sus instintos sexuales, es decir, su propia gratificación, sin atender a los menores lazos de fidelidad, aunque sí de lealtad: también en la cinta, ella abandona a su amante en turno para poder serle infiel sin remordimientos.
En fin, que Sex & The City no me parece tan moderna como “revolcada” (por aquello de la misma gata), porque fuera del glamour de las ropas excéntricas y el desenfreno sexual de las protagonistas, no veo mayores propuestas que la solidaridad entre mujeres, que en muchos casos significa complicidad.
(Sex And The City: The Movie; E.U., 2008). Dirección: Michael Patrick King. Guión: Michael Patrick King. Elenco: Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis, Cynthia Nixon, Chris Noth, Candice Bergen, Jennifer Hudson, David Eigenberg, Jason Lewis, Mario Cantone, Willie Garson. Género: Comedia Romántica. Duración: 148 min.