Principal > CRÍTICAS > Críticas 2º Festival de Cine Latinoamericano Monterrey

PARQUE VÍA (****)

Por Roberto Villarreal Sepúlveda.

Beto (Nolberto Coria) es el cuidador de una vieja casona que ha estado en venta por más de diez años. Anteriormente fue mozo de la dueña de la casa (Tesalia Huerta) quien aprecia su entrega, aunque se extraña de la paciencia de su empleado, así como del encierro y la soledad en que vive. Beto sigue una rutina diaria. Duerme, se levanta, toma un regaderazo, cuida el jardín, limpia ventanas, entre diversas acciones. Se da un tiempo para su persona: se prepara comida, mira la televisión, lee periódicos sensacionalistas y una vez a la semana le llama a Lupe (Nancy Orozco), una prostituta, para tener relaciones sexuales. Cierto día le avisan a Beto que se ha vendido la casa. De esta manera su mundo cambiará irremediablemente.

Ópera prima del mexicano, nacido en Madrid, Enrique Rivero, estamos ante el retrato de un sirviente fiel como hubo muchos (y seguirá habiendo, aunque con otras características: guardaespaldas, secretarios, choferes), en el entorno social mexicano (aunque sus alcances sean universales). Basta leer las novelas decimonónicas urbanas o los relatos de haciendas y rancherías (por mencionar casos que no son limitantes ni exclusivos, claro) para conocer a mozos de establos, mayordomos, nanas, cocineras, entre diversas ocupaciones, y darnos cuenta de esos trabajos cimentados en lo que se establecía como una misión de vida que se transformaba en costumbre y se seguía adelante durante toda la existencia. La señora le pregunta a Beto sobre el tiempo que lleva en esa casa, y si no se aburre, y en su respuesta la palabra “costumbre” aparece repetida varias veces. 

Beto, además, es respetuoso. Teniendo toda la casa para sí solo, solamente utiliza su cuarto para estar con su amante habitual (“teniendo una casa tan grandota no sé por qué cogemos aquí”, le dice la mujer) a la cual recibe a la medianoche y la despide poco tiempo después llamando a un taxi, dejándola entrar y salir por la puerta principal. En cierta ocasión, Lupe debe salir durante el día y la lleva por la puerta trasera (“te pueden ver”). Mira la televisión frente a un gran ventanal, junto a su cuarto, donde está un sofá. Prepara su comida en la cocina. Toma su baño cotidiano utilizando cubetas de agua en lugar de aprovechar la tina empotrada en el suelo, con forma ovalada, que limpia con sumo cuidado. Cuando la señora tiene reuniones en su apartamento de lujo, Beto acude a revivir su rol de mozo con la perfección adquirida con los años.

Por otra parte, sigue otros rituales. Nos enteramos al inicio de la cinta que es el día de “Halloween” por la llegada de unos niños que piden dulces a la puerta de la casa. Al día siguiente tiene su encuentro con Lupe a la cual invita para que lo acompañe a visitar la tumba de quien fuera su esposa. Llega, entonces, el Día de Muertos, por lo que Beto asiste al cementerio. Además, en la pared de su cuarto hay dos cuadros con la imagen de Jesucristo a los cuales ofrece sus oraciones. 

La película establece antes de sus créditos que está “inspirada en hechos de la vida de Nolberto Coria”, aunque lo que posteriormente se sabrá , al llegar a la conclusión de la misma, es que se ha mezclado una forma de vida con el juego de la ficción que es lo que le imparte sustancia e interés. Sería bastante aburrida si su ritmo se retrasara por preciosismos visuales e inútiles y hasta ofensiva si se mostraran cuerpos desnudos o momentos de intimidad entre estos personajes carentes de atractivos (hasta la actriz que interpreta a la señora no es bella, simplemente elegante), como en el cine pretensioso y engañoso de Carlos Reygadas.

Tenemos a un ser que se ha impuesto una forma de vida, convencido de que es el destino que le tocó vivir, que inspira confianza a su patrona y que no se sale de las reglas ni los límites. Todo está bien mientras no se rompa el equilibrio: entonces, le avisan que la casa se ha vendido. Esa calma, la paciencia, la costumbre, la resignación, tendrán que cambiar de estilo y dar rienda suelta a la energía, la pasión, la violencia que estaba encapsulada porque el mismo destino le hace una buena jugada a Don Beto que le hará apropiarse de una imagen equivocada para pasar a otro nivel dentro de su rutina existencial.

(Parque Vìa; México, 2008). Dirección: Enrique Rivero. Guión: Enrique Rivero. Elenco: Nolberto Coria, Nancy Orozco, Tesalia Huerta. Género: /. Duración: 86 minutos.

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