Hancock es un superhéroe (Will Smith) que tiene muy mala imagen entre el público debido a su alcoholismo y a los daños que causa cuando supuestamente resuelve todo tipo de crímenes. Un día, el buenazo de Ray Embrey (Jason Bateman), un consultor de relaciones públicas, es salvado por el superhéroe. Agradecido por ello, Ray intenta devolverle el favor mejorando su imagen pública, pero mientras lo intenta, Hancock corteja en secreto a su mujer (Charlize Theron).
Si bien esta sinopsis abarca, más o menos, la extensión total del argumento de Hancock, la más reciente película de acción de Will Smith, la campaña de publicidad de la cinta anunció una comedia de acción más bien negra, y no propiamente por el color de piel del protagonista…, o quizá sí,… y lo peor (o lo mejor) es que no cumplió.
Explico el trabalenguas: por un lado, el sentido del humor expresado en el trailer anunciaba las aventuras de un antihéroe sacado directamente de algún barrio angelino habitado por gente de origen afroamericano de clase baja, cuyo patrón de vida suele incluir alcoholismo y violencia, entre otros estigmas sociales.
Con ambos elementos exaltados como características del protagonista, era lógico esperar una comedia de acción llena de leperadas y “divertidas” travesuras selladas por el nulo sentido de responsabilidad, decencia y heroísmo del personaje central.
Nada más lejos de lo que, ingeniosamente, eso sí, plantea el guión de Vince Gilligan y Vincent Ngo, el cual no sólo evade la expectativa aquí trazada, de ver una historia irreverente y revanchista en el sentido contracultural, sino por el contrario, construye un drama intenso de emociones suprahumanas que, en definitiva, refresca las historias típicas del cómic, como quizá sólo lo había hecho hasta ahora El Protegido (2000).
Si bien la falta de cumplimiento de la propuesta promocional seguramente desmoralizará o quizá irritará al público convocado por el trailer, la realidad del filme también producido por Will Smith consigue lo contrario: enaltecer la visión prototípica del sector afroamericano de los Estados Unidos.
Y esto lo hace desde una creación sumamente original y entretenida, que plantea en resumidas cuentas la introducción del primer superhéroe negro del cine.
A través de una historia divertidamente desarrollada, pero sobre todo, ingeniosamente virada hacia el tono dramático del antihéroe redimido por amor, Smith se rescata a sí mismo del absurdo (o de la estupidez) que habría significado personificar al peor prototipo social de su raza.
En cambio el actor, probadamente calificado en los diversos géneros en que ha querido incurrir, realiza aquí una entretenida actuación muy a tono con el sentido primordial del filme, que además se completa con una excelente selección de reparto.
Tanto Bateman, como el bondadoso promotor humanitario, como Theron en su papel de heroína incógnita, están excelentes en lo visual y en lo actoral y apoyan desde ambos niveles las constantes sorpresas o cambios escondidos en el guión.
El resto es pirotecnia propia de Hollywood, con un montón de escenas espectaculares a cargo de un gran soporte digital, pero adecuadamente complementado y orquestado por la dirección de Peter Berg, quien quizá corra con la suerte de estar inaugurando la que bien podría ser una serie o franquicia, tan atractiva y lucrativa como cualquier otra.
(Hancock; E.U., 2008). Dirección: Peter Berg. Guión: Vince Gilligan, Vincent Ngo. Elenco: Will Smith, Jason Bateman, Charlize Theron, Eddie Marsan, Adam Del Rio, Jameson Dixon Jr., Johnny Galecki, Martin Klebba, Valerie Azlynn. Producción: Will Smith. Michael Mann. Akiva Goldsman. Género: Acción, Comedia. Duración: 92 min.