En un año tan complejo y desolador como 2009, con la aguda escalada de pobreza e inseguridad particularmente erosionando nuestro país, resulta contradictorio enfrentar una cinta como El Traspatio, porque constituye un retador reflejo en donde todos los mexicanos, de una u otra forma, podemos vernos.
Precisamente por esa capacidad habría que honrar el compromiso que han demostrado tener con el alma colectiva mexicana, tanto Sabina Berman como Carlos Carrera.
Ambos, escritora y director, han coincidido en sus respectivas creaciones y por encima del sentido de show que comúnmente acompaña a nuestro teatro, televisión y cine, en el uso de una de las máximas capacidades del arte: la reflexión.
Tanto Berman como Carrera han encarnado en diversos grados la misión de Tezcatlipoca, al traer a todos el espejo humeante de, en este caso, los feminicidios de Juárez.
El macabro fenómeno que ha convertido a la frontera del noroeste mexicano en una ignominiosa zona de horror, complicidad, miedo y vergüenza, fue investigado en una primera instancia por Berman de manera periodística; pero después, traspasado a guión, el asunto culmina en un intenso acercamiento dramático como no lo había tenido en el propio cine mexicano (Casi Divas) ni en el internacional (Bordertown: Verdades que matan).
En el caso de la comedia Casi Divas, de Issa López, el tema es meramente una justificación de otras situaciones, mientras que la película de Gregory Nava salió en Estados Unidos directamente a la televisión y al mercado en DVD; no se diga su exhibición en México, a donde llegó con dos años de retraso y bajo la suspicacia de la prensa especializada respecto al perfil comercial que el tema adquiría con las presencias de Jennifer López y Antonio Banderas.
Bajo Juárez, de Vanesa Bauche, y Juárez: desierto de esperanza, documental de Cristina Michaus, son dos trabajos igualmente comprometidos, respetables y serios, que sin embargo han sufrido la desgracia de carecer de mayor distribución y, por tanto, exhibición (la primera de estas cintas salió al mercado con 12 copias). De modo que Backyard o El traspatio no sólo acumula a sus méritos la capacidad de llegar a las masas mexicanas, sino especialmente su capacidad para grabarse en su memoria.
Un último punto especialmente interesante respecto al tema y el tratamiento dado por su autora es la línea de parentesco temático que existe Entre Pancho Villa y Una mujer desnuda y El traspatio, pues la cinta que popularizó a Berman en el cine nacional en 1996 y ésta, evidencian una inquietud por explorar, quizá incluso comprender, los sutiles o burdos niveles nacionales de la guerra entre los sexos.
*La película*
Carrera, por su parte, sorprende también como un excelente director de thriller después de su larga trayectoria en drama (La mujer de Benjamín, Sin Remitente, Un embrujo, El Crimen del Padre Amaro), pues El Traspatio es un filme vibrante en donde la tensión se logra tanto en función de las acciones, como de los personajes.
Es decir, la historia está solventada no sólo por su atroz magnetismo, sino por la configuración de los personajes, lo que consigue una interesante yuxtaposición del género más trabajado por Carrera, con éste, en donde el suspense y la acción deben ser predominantes.
La historia sigue la investigación de Blanca (Ana de la Reguera), una joven mujer policía que, recién llegada a Juárez a mediados de los 90, se ha obsesionado con la resolución de diversos crímenes de mujeres.
La mayoría de las víctimas laboraban en las maquiladoras extranjeras posicionadas en la ciudad fronteriza con Estados Unidos, y la sangrienta avalancha de sus asesinatos parece no interesar ni a las autoridades del gobierno local ni a los representantes de los sectores económicos del área.
Blanca deberá escalar, con el apoyo del único censor urbano del lugar (el locutor de radio interpretado por Joaquín Cosio), un muro de indiferencia, encubrimiento y complicidad alzado en las propias instancias de gobierno y prosecución de justicia, tan atroz como los propios actos de robo, violación, tortura, mutilación y estrangulamiento efectuados sobre las víctimas.
Respecto a ellas, Berman delinea la historia de Juanita Sánchez (Ázur Zagada), quien llega de Tabasco con su prima Márgara (Amorita Rasgado), para trabajar en la maquila y, a sus 17 años, probando por primera vez la oportunidad de ser autosuficiente, entra en posesión de su vida y sus decisiones.
A través de esta subrama, Berman muestra con agudeza y sin maniqueísmos, las condiciones de privación económica, ignorancia y temeridad asumidas por las obreras en medio de ese mundo siniestramente misógino.
Gran parte de su efecto sobrecogedor lo logra el filme debido precisamente a las actuaciones de Zagada (Juanita) y Cortés (Cutberto), la pareja de origen indígena que, contrario a la esperanza de mejoría que los lleva a Juárez, sólo encuentran un mortal averno sin ley divina o humana capaz de salvarles.
(Backyard; México, 2009). Dirección: Carlos Carrera. Guión: Sabina Berman. Elenco: Ana de la Reguera, Joaquín Cosio, Alejandro Calva, Amorita Rasgado, Enoc Leaño, Sayed Badreya, Ázur Zagada, Iván Cortés. Género: Thriller. Duración: 122 min.