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AMOR SIN ESCALAS (****)

Por Diana González.

Tal parece que Amor sin escalas, la historia contemporánea, crítica y de sentido tan ácido como agudo que Jason Reitman ha sabido trasladar ejemplarmente al cine, tendrá que quedarse en la banca de las producciones “interesantes, pero menores”, ante la aplanadora de premios que este año parece avecinarse con Avatar.

Reitman, quien sorprendió al público y la crítica con su debut en la cinta del 2005, Gracias por fumar, y que después corroboró su talento con la comedia contestataria  Juno: crecer, correr y tropezar, ha coescrito ahora con Sheldon Turner otro guión ácido e inteligente, que le ha colocado en definitiva como uno de los cineasta contemporáneos más originales e interesantes.

Y es que esta cinta, no de bajo presupuesto pero con aliento independiente, conquistó públicos y audiencias críticas especializadas (como en el Festival Internacional de Toronto), lo que la perfilaba para ser una de las grandes consentidas de la Academia, situación que, como lo he dicho, quizá no se verifique.

La historia profundiza inteligentemente (tomando como referencia sólo a Sam Mendes) el fracaso del “sueño americano”, cuando presenta un personaje como Ryan Bingham, que en la interpretación de George Clooney resulta verdaderamente impactante.

Clooney interpreta a un “liquidador” profesional (si el neologismo se acepta para nombrar el oficio de quien despide gente de sus trabajos), que además lo hace desde una perspectiva “aérea”, cuya dinámica y metáfora le ayuda a moverse por encima de sus congéneres.

Esta falta de humanismo, encarnada por la galanura, simpatía y “bella sonrisa” de un intérprete como  Clooney, resulta en un personaje poco menos que escandalizante, pues Bingham además, ha desarrollado toda una filosofía sobre la falta de nexos personales, que él  presenta a su público (es conferencista del tema) como la condición óptima del ser humano.

De hecho, él mismo vive aislado, viajando de un lado a otro y sólo sosteniendo relaciones temporales o de trabajo, como la que le ha tocado establecer con Anna Kendrick (Crepúsculo), la joven aprendiz del oficio que acaba de ser asignada bajo su supervisión, pero quien no comparte su filosofía personal.

En uno de tantos viajes, Anna conoce a la “amiga” circunstancial de Bingham, una atractiva mujer de edad mediana llamada Alex Goran (en un deslumbrante redescubrimiento de Vera Farmiga), quien al mostrarse tan cómoda con un hombre tan poco dispuesto al compromiso sentimental, parece ser la mujer indicada para él.

Y de hecho lo es, pues el inesperado giro de tuerca que este personaje habrá de darle a la historia de Bingham, y con ello a la película, logra expresar el peso específico de cada una de las consecuencias de las acciones de éste.

La selección del elenco, una fotografía más bien plana (sin grandes relieves de atmósferas o colores) y la excelencia de las actuaciones de los intérpretes, le brinda a esta cinta, más bien amarga y de oportuna crítica social, una interesante calidad artística.

(Up in the Air; E.U., 2009). Director: Jason Reitman. Guión: Jason Reitman. Actores: George Clooney, Vera Farmiga, Anna Kendrick, Danny McBride. Género: Comedia. Duración: 109 min.

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